1 de abril de 2018

La frescura de antaño

Añoro esa frescura con la que escribía antes, esa naturalidad, esa juventud que emanaba de los versos, esa sonrisa que me sacaba siempre al leerme y releerme, también es verdad que cargaba con menos años de infertilidad, y creerme que cuando digo que la infertilidad pesa cada año un poco más, cambia la perspectiva. Antes escribía con la certeza de que algún día lo conseguiría, conseguiría ser madre, y que quería dejar plasmado cada paso y sentimiento en el camino. Ahora escribo en parte para dejar huella también, pero en mucha otra para desahogarme, para soltar lo que llevo dentro para que este sentimiento de impotencia, de pena y de dolor, no terminen ahogándome,  no acaben conmigo. Y claro así muchas de las entradas llevan consigo esa melancolía, ese dolor ese sufrimiento, y ya.... ya no es lo mismo. ¿Por qué cuento es esto? pues porque hace poco incluí en mi blog el gadget de "quizás también te interese" para que muestre al final de cada entrada sugerencias a entradas anteriores, en mi caso muestra casi siempre las entradas de lo primeros años del blog. Lo cierto es que no sé porque no lo había incluido antes, supongo que simplemente no quería o no me apetecía, porque es un gasget, que anteriormente si tenía en mi blog de moda . En fin que aunque lo he puesto para que quien llegue a mi blog tenga más facial el poder conocer de mi historia, quien soy y que he escrito, que pueda llegar más fácilmente a las diferentes entradas, me sirve a mí también, para dar una vuelta por el pasado y conocer esto mismo. Y al leerme no sé, me gusto más, me siento más fresca, más joven, menos hastiada. Ojo que también me gusta leerme ahora en las entradas actuales, soy  además de otras cosas, los que escribo y esto hay. Pero reconozco mis entradas actuales, no todos pero si la mayoría, un poco más duras que antaño...



28 de marzo de 2018

Que cómo estoy



El dolor no desaparece
No desaparece nunca, vives con él y ya está. Se hace crónico y se torna soportable, por lo menos la mayoría de las veces,algunos días, otros no tanto. Pero no, no desaparece.
La gente cree que sí, que simplemente es cuestión de tiempo y que al final se te pasará, que será como si nada hubiera pasado, como si no hubieras tenido una beta negativa, o cuatro, o cinco, como si tener hijos o no, fuera lo mismo para tí.

De este modo he pasado por diferentes etapas

Aislamiento

Esta ha sido la primera, comencé el duelo por este negativo aislándome de todo y de todos, no quería saber nada de nadie excepto de mi esposo, claro está. Mucho cama y sillón, sin ganas de nada, y la vez mucha distracción también. Me había hecho un plan para pasar una betaespera más amena y menos horrorosa, de modo que después del negativo seguí con él. Hacía algunas cosas como organizar y ordenar cosas en casa, o salir a caminar, aunque he de confesar que algunos días al momento de salir a veces me tenía que regresar, pues la angustia era demasiado fuerte , y a menudo a penas podía dar dos pasos, pero lo intentaba. Desde la primera semana intentaba estar bien y esforzarme por no derrumbarme, hasta mi chico me decía, no pasa nada tómatelo con calma es muy pronto es normal que estés así, y era verdad, debía dejar fluir un poco la pena y ya se marcharía, eso pensaba al principio.

Tiempo para mi

Cuando ya habían pasado una o dos semana, ya todo el mundo querría que volviera, no le contamos a nadie lo que me pasaba, pero sí que me encontraba pasando unos duros momentos y que necesitaba tiempo para reponerme. Pero no paraba el whatsap ni el teléfono, gente que quería visitarme, o que nos viéramos, que les contara como estaba o más bien contarme como estaban ellos, y más cosas: Que volviera al trabajo en la iglesia, o al voluntariado, o al trabajo remunerado que realizo por cuenta propia, a mi vida normal con mis actividades normales,y a reunirme o a quedar con mi madre y amigas. Todos querían que volviera ya, pero yo no me sentía preparada, todavía no, es demasiado pronto pensaba. De hecho  me di cuenta de que ya no querría volver, a la rutina, al trabajo en mil y un áreas ya sea remunerado o no, porque siempre estaba haciendo cosas, para sentirme  útil, para aportar a la sociedad, o para ayudar, para hacer felices a los demás. Pero ya no me interesaba nada de lo que hacía, necesitaba tiempo para redescubrirme, para ser verdaderamente feliz en aquello que hacía, ya la infertilidad es muy dura, para además no ser feliz en otras áreas de tu vida. Querría pensar en mí y en nadie más, ser egoísta por una vez con los demás en vez de conmigo misma, negarme a los demás en vez de a mí, lo entendieran o no, y eso me llevó a la siguiente fase


Necesitar oír - ¿Que necesitas?

La fase en la que me di cuenta de cuan egoísta era el mundo que me rodeaba, al querer solo que volviera, que volviera a todo, nada más que con intereses personales, no por mí, si no por  y para ellos. Porque cuando explicábamos que ahora no me sentía con fuerzas de trabajar en una dieta, o dar clases en la escuela dominical, parecerían no entender, y en vez de responder, ¿Que necesitas?, nos encontrábamos con un, pero te necesito, cuando me lo decían a mí directamente, o la necesito, cuando se lo decían a mi esposo . Me dolió de verás, y del dolor pasaba al agobio a la indignación. Comencé a gritar entonces a los cuatro vientos que el mundo me parecía muy egoísta, que ahora  no estaba para dar, si no para recibir, lo que necesitaba es que me preguntaran que que necesito, y que lo hicieran de corazón, queriendo de verdad satisfacer esta necesidad. Al final la respuesta es muy sencilla. Necesito tiempo, necesito espacio, y si no comprensión, al menos si  respeto.



7 de marzo de 2018

La transferencia embrionaria Parte III

 Sucedió un 10 de Febrero

Tengo que decir que el equipo médico de la clínica está compuesto por un doctor y una doctora (yo creo que son pareja, cotilleo por cierto que no viene a cuento pero ya lo he lanzado ; )) la doctora vamos a decir que... no me cae muy bien, porque es bastante fría y distante, yo diría que hasta desconfiada y hasta Davi ha captado las sonrisas forzadas que nos suelta. Le incomoda mucho que le haga preguntas y me las contesta con evasivas y de mal humor, lo que me hace recordar y trasladarme a 2010 en el materno infantil donde gran parte del equipo médico era de esta guisa (me encantaría que algún médico me explicara porqué esto es así, porqué esta frialdad que en nada nos ayuda a los que pasamos por esto). Afortunadamente la otra mitad del equipo médico de la clínica, el doctor, es totalmente diferente, más amable, más condescendiente,con una calidad más humana y compasiva, y más dispuesto a resolver mis dudas, pero él no estaba. Le tocaba guardia a la doctora, y me tuve que conformar. Aunque he de decir que contrario a todo pronostico, la verdad es que la doctora estaba de muy buen humor, y fue muy maja conmigo. Y es que creo que,  que halla transferencia embrionaria es un triunfo  en toda regla,  aunque este sea temporal, temporalmente ha triunfado la vida y eso hay que celebrarlo, estaban todas muy contentas, y yo con ellas.
      Por lo demás ya conocéis el proceso, y para las que no, os lo resumo: pues me subo el potro (yo lo llamo así, no me preguntéis porqué, porque no lo sé) me despatarro, una pata para cada lado, la auxiliar me pone el líquido de las ecografías un poco más abajo de la tripa y presiona con la cámara del ecógrafo en la zona en la que ha puesto el líquido, tienes que ir con la vejiga medio llena así que es un tanto incomodo, aunque soportable. La ginecóloga hace uso del espéculo y de más útiles necesarios para la transferencia, y al ratito llega la bióloga que se ha enfundado en su ropa de laboratorio con máscara y gorro, trayendo consigo a mis embrioncitos en una cánula. La doctora comienza a realizar la transferencia, y yo que con  el  espéculo por un lado y ecógrafo por otro me siento físicamente muy incómida y molesta, cierro los ojos  un segundo tratando de encontrar un poco de alivio a tanta incomodes, y... casi me lo pierdo.Pero los abro justo a tiempo, y los veo... en el monitor que hay frente a mí, se dibuja una línea de color blanco en medio de la oscuridad, son ellos por fin "ojalá vengan a quedarse" pienso. luego sale la bióloga de la sala a  a comprobar que los embriones no se han quedado en el tubo, y avisa en la distancia a la doctora que todo está ok. Ella saca el espéculo me pone dos óvulos de progesterona y me dice que esos no cuentan y que en casa me pongo los del medio día como siempre, sale y se queda la auxiliar limpiándome el líquido de la ecografía, convierte el potro en camilla, y nos deja a solas a mí y a mí madre. Estoy feliz, tanto que saco unas foticas, "quizás sea esta la vez y quiero recordarlo". Esperamos unos minutos (alrededor de una media hora) y al poco viene la auxiliar a decirme que ya me puedo levantar, que si quiero puedo pasar primero al baño a vaciar la vejiga "si por favor". Al salir  ella me explica todo los tramites que nos quedan pendientes "firma esto, déjame la tarjeta porfi, tu marido tiene que venir por aquí a firmar tb cuando pueda" y termina con un  "hoy no hagas nada, tu al sillón y que te mimen, en 15 días no vemos". Salgo de la consulta muy incómoda, entre la manipulación de hoy y los rastros de la punción de hace unos días, me siento hinchada, con un poco dolor en los flancos y con ganas de nada más que de llegar a casa y tumbarme, lo consigo en media hora, "Go embriones go, vamos ustedes pueden" les digo ya tumbada en el sillón, mientras me acaricio la tripa... y así comienza una larga betaespera tan larga como las demás.







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